El día está alto y fuerte cuando se levanta. La jornada promete. Se inicia el primer festival de la vendimia en Samaipata, municipio ubicado en la provincia Florida, departamento de Santa Cruz de la Sierra, tierra prometida de Bolivia en el siglo XXI.
Valeria, funcionaria de Marca Santa Cruz de la Gobernación, da la bienvenida a la veintena de colegas periodistas que suben al colectivo. Nos esperan dos horas y media de viaje para llegar a los valles cruceños. Vamos rumbo al sitio arqueológico de Samaipata, situado en las últimas estribaciones de los Andes orientales de Bolivia. Comúnmente conocido como “El Fuerte de Samaipata”, denominación inscrita en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Durante el viaje atravesamos avenidas, puestos de venta de coca, plazas de autos y cantidad de gente moviéndose de un lado para otro. “Achachiurú, achachairú, mangas, mangas”, ofrecen las señoras en el primer puesto de peaje (km 65). De ahí en más se avizoran las montañas.
Atrás dejamos el intenso calor. La tierra está agotada, contraída de dolor. Un fuerte olor a humo se arrastra en silencio. Y es por causa de los chaqueos intencionados. En Bolivia el 2023 por quemas e incendios sufrieron más de 2 mm de hectáreas. Santa Cruz fue afectada con 400 mil hectáreas en los municipios de Yapacaní, Guarayos, Concepción, Santa Rosa del Sara y San Ignacio de Velasco. El bendito parque Noel Kempff Mercado y el Bajo Paragua también sufrieron la violencia de los animales humanos.
Samaipata se encuentra a 120 kms de la ciudad de los anillos. La travesía se hace por una carretera asfaltada. Durante el recorrido captas los cambios de rostro del paisaje. De a poco sientes un clima más agradable y fresco. Se abren las puertas del cielo.

El pueblo se caracteriza por una rica historia precolombina y colonial, una deliciosa gastronomía y una variedad de expresiones artísticas y artesanales. Sus calles y fachadas son parte de los atractivos que junto a su gente te pintan una acuarela que dice: llegaste al lugar correcto. Si al conjunto le sumamos la producción de uvas y vinos, se pinta un puzle interesante.
Estamos en el cañón de Achira y más arriba está el fuerte. Es la parte más húmeda del Valle. Llegamos a La bodega Landsua. El nombre es la unión de los apellidos Landivar -Suarez que en vasco significa Campos de Sol o Fuego.
“La radiación que recibimos nos ayuda mucho a la concentración de taninos y de ingredientes básicos para elaborar grandes vinos de altura que son saludables para el ser humano. Iniciamos las actividades comerciales en 2017. Dada la zona hacemos vinos con características propias. Se busca en la viticultura tener una personalidad propia. Como bodega tenemos tres líneas: Parras del Fuerte (varietales), Castilla (blends) y Abra del Toro que son nuestros vinos top”, comenta Carlos Landívar, gerente – socio de Landsua.
La próxima parada nos lleva rumbo a la bodega Uvairenda. Durante el trayecto Francisco Roig, presidente de AVISA Asociación Vitícola de Santa Cruz, relata la historia de la viticultura de los valles cruceños.


Arribamos al Valle de la Purificación donde se ubica la bodega Uvairenda, que en Guaraní quiere decir “el lugar de la uva”, quienes producen los vinos 1750. Un espacio donde las colinas de los cerros se pintan de parras de uvas. La bodega cuenta con tres lotes que se encuentran en distintas alturas. Entre 1750 a 1830 msnm. Otro entre 1900 a 2100 msnm. Y un poquito más al norte entre 2250 y 2430 msnm. Cada terruño brinda un micro clima especial que permite por la altura una mayor radiación solar, por ende, mantiene la acidez, con algo más de taninos y alcohol, obteniendo como resultado vinos delicados, apunta Roig.
Cuentan con la mayoría de las cepas europeas tintas y blancas. Son los únicos que producen vinos con Pinot Noir. También poseen la cepa Pedro Gimenez, la más plantada en Samaipata, además, entre otras criollas, Moscatel además de Vischoqueña y Negra Criolla.
Luego de un paseo por las viñas y la bodega, fuimos al club house, donde una hermosa terraza te recibe para compartir y brindar con vinos 1750, empanadas y buena música.
“Cuando salí de casa en busca de un querer, me encontré una ovejera y de ella me enamoré, tenía cabellos rubios como los rayos del sol y un par de ojitos negros que me lleva el corazón, esa ovejera no sabía bailar, no sabía cantar, tampoco enamorar, y ahora me la llevo porque es mi querer, con esa ovejera yo me quiero perder, laralalay laralalay”, sonaba el dúo con guitarra y bombo.
La última parada del día fue en la viña Mileta, viñedos que datan de 1930. Migrantes croatas que trascendieron a Samaipata. Empezando por don Srecko y continuando con don Dragomir, un legado que prospera en honor a la familia, el amor y el trabajo. En ese bellísimo pedazo de tierra con una vista increíble al pueblo de Samaipata las nuevas generaciones decidieron re impulsar la historia de sus antepasados.
Al ocaso nos encontramos en la plaza principal, donde recorrimos los distintos stands de vinos, uvas y artesanías. Y al finalizar el acto central presenciamos la inauguración del principio de la vendimia que se extendería hasta fines de marzo.
APUNTES
Francisco Roig cuenta que Santa Cruz de la Sierra fue una de las primeras regiones en plantar uva en Sudamérica. Primero, en los alrededores de su catedral por las misiones religiosas. Luego, cuando decidieron abrir camino a Charcas el cultivo de uva migró a los valles cruceños.
“En Bolivia son las fronteras Chiriguanas de los valles andinos de la vertiente oriental de los Andes, cercanos al Chaco, donde se inicia el cultivo de la vid en Bolivia, es decir el arco que cubre desde Samaipata hasta Tarija”, manifiesta Roig.
En 1595 el gobernador Gozalo Soliz de Olguin y su esposa Merciades Saavedra abrieron la brecha hacia Chilon, Saipina y Comarapa. Estableciendo los principales viñedos en Chilón.
Por algún motivo se piensa que los pioneros en producir uva fue el valle de Cinti. Pero eso no es cierto. Los primeros que realizaron los vinos de manera industrial sucedio en los valles cruceños, la ruta al río de La Plata. Por su parte, en la ruta a Lima fueron los valles de Tarija y Potosí. En tanto, mucho después que expulsaron a los chiriguanos del Pilaya y Paspaya, recién se establecieron los viñedos en Cinti, explica Roig.
Durante la Colonia, alrededor de 1583 a 1810, se tuvo alta producción de uva y vino. España concedió una serie de beneficios para que esto suceda. En cambio, durante la independencia las condiciones cambiaron. La elite minera que transportaba minerales a Chile volvía con productos, como vino, lo que produjo una caída fuerte, afectando a los valles productores.
TERROIR
Samaipata cuenta con un clima fresco que generan vinos delicados, más secos con buena acidez, distintos a los argentinos y chilenos. La Asociación de Vitivinicultores de Santa Cruz AVISA cuenta con una veintena de miembros y aproximadamente unos 60 viñedos. Suman alrededor de 800 has. de uva plantada. Samaipata es la entrada a los valles cruceños, luego viene Mairana, Pampa Grande, Valle Grande, Trigal, Saipana, Chilon, cada cual con bolsones de climas distintos.
En Samaipata encuentras pequeñas bodegas, enfocados a nichos de mercado específicos. “Los vinos 1750 se encuentran en los restaurantes con estrellas Michelín”, expresa Roig.