El informe 2026 de Tim Atkin sobre Perú y Bolivia no solo ordena vinos por puntaje: dibuja el mapa de dos historias vitivinícolas que, aunque vecinas, han evolucionado con distintas prioridades.
Perú y Bolivia comparten un punto de partida: la llegada de la vid con la colonia española y el desarrollo temprano de variedades criollas. Sin embargo, sus trayectorias se bifurcan pronto.
En Perú, la vid quedó profundamente ligada a la destilación. Las variedades como Quebranta, o Italia se convirtieron en la base del pisco y el vino, pero éste con un desarrollo más intermitente. Hoy, según Atkin, Perú vive una relectura de ese patrimonio, con productores que vuelven a las criollas desde una mirada contemporánea, experimental y de baja intervención.
Bolivia, en cambio, mantuvo una continuidad más silenciosa pero sostenida. El vino evolucionó hacia una expresión propia, marcada por condiciones extremas: viñedos entre los 1.800 y más de 2.800 metros de altitud, donde la radiación solar, la amplitud térmica y los suelos definen un perfil único.
EVOLUCIÓN
El reporte muestra a Perú como un laboratorio en movimiento. Hay una fuerte presencia de microproductores, blends de campo y estilos no convencionales. Etiquetas como las de Pepe Moquillaza o Bodega Murga revelan una búsqueda identitaria en torno a las uvas criollas y métodos alternativos, con vinos que priorizan textura, expresión aromática y narrativa cultural.
Bolivia, por su parte, aparece en una fase de consolidación cualitativa. Las bodegas han afinado el manejo del viñedo y la madera, y los vinos muestran consistencia, profundidad y capacidad de guarda. La crítica es clara: los mejores tintos bolivianos compiten en estructura y complejidad a nivel sudamericano.
Por ejemplo, Aranjuez Don Milton Legado Gran Corte 2022, alcanzó 97 puntos y es descrito como un ensamblaje “denso, estructurado y refinado” que expresa la frescura de Tarija con precisión.
En la misma línea, el Tannat se posiciona como eje identitario, con etiquetas que combinan potencia, acidez y elegancia.
Una narrativa que recién comienza: el mapa del vino sudamericano ya no puede entenderse sin mirar hacia estos dos países.
DIFERENCIAS
- Perú muestra una mayor diversidad de pequeños proyectos y estilos experimentales.
- Bolivia presenta bodegas más estructuradas y consistentes en su oferta.
- Perú explora.
- Bolivia perfecciona.
- Perú habla desde la diversidad cultural y la reinterpretación.
- Bolivia desde el terroir extremo y la precisión técnica.
Si hay una conclusión contundente en el informe de Atkin, es el posicionamiento de Bolivia como una de las regiones más singulares del mundo vitivinícola.