Apostando por la promoción de sus bebidas y de la cultura vitivinícola del sur del país, la Bodega Daroca, pioneros en el rubro, abrió sus puertas para que quienes viven en Tarija o llegan desde otros sitios puedan disfrutar de una visita única para degustar sus bebidas e incluso recorrer sus viñedos con los propietarios, quienes más que guías se convierten en acompañantes.
A poco tiempo de lanzar esta propuesta, ya hubo turistas, especialmente personas con la intención de agasajar a alguna visita, aunque no dispongan de mucho tiempo pues la ventaja es que la bodega se encuentra en el barrio Miraflores, a pocos minutos del centro de la ciudad.
Al llegar, Adrián Daroca da la bienvenida. Él es parte de la cuarta generación de una familia que incursionó en la elaboración de singanis. Mientras comienza el recorrido, cuenta cómo su bisabuelo comenzó este negocio en los Cintis y hasta como su padre, Oscar, logró la consolidación de los viñedos en Pampa la Villa y Colón Norte.
Gracias a las bondades del terreno del valle tarijeño, ahora cosechan uva de alta calidad que luego se convierte en singani, o en un vino Syrah o su nuevo producto “singañac”, macerado en barricas de roble. Precisamente esa transformación es lo que se puede ver dentro de esta bodega que requirió dos años de remodelación para estar en las mejores condiciones.
El recorrido termina con una degustación que incluye una o más bebidas, dependiendo de cada persona. La opción infaltable es un chuflay con el singani de la casa, pero se puede elevar la experiencia con el resto de los productos y maridarlos con un piqueo de empanadas o, mejor aún, con una tabla de jamones y quesos escogidos especialmente para la ocasión.
Si se dispone de más tiempo, más de cuatro horas, el paseo puede extenderse hacia los viñedos, que en esta época ya tienen los racimos de uva casi listos para la cosecha y son el mejor escenario para una caminata o una fotografía de recuerdo.