Cada botella de singani ahora lleva el sello de “Hecho en Bolivia” gracias a su certificación como una bebida de origen nacional, lo que marca un antes y un después en cuanto a los niveles de producción, en 2022 se exportó a cuatro países un volumen de 7.700 litros por un valor de 36.000 dólares y se espera que de ahora en adelante haya un crecimiento significativo.
El viceministerio de Comercio Exterior presentó un informe con datos relacionados a esta industria y las gestiones que se realizaron desde hace más de media década para lograr ese reconocimiento internacional, pues antes esta bebida tenía que llevar una clasificación “prestada”, como brandy o aguardiente.
Uno de los puntos centrales del estudio da cuenta de aproximadamente 5.000 fuentes de empleo, entre directas e indirectas, dependientes del singani. Además, se calcula que llegan a 3.500 las familias productoras que venden la uva que se destina a las bodegas para la destilación.
Las cifras oficiales indican que específicamente en Tarija se producen cinco millones de litros de singani por año, solamente el cinco por ciento corresponde a bodegas artesanales, el resto lo embotellan las de mayor envergadura.
Puertas abiertas
La lista de países a los que llegó el singani durante la gestión pasada incluye a Estados Unidos, Alemania, Japón y México. El país del norte es el que hasta el 2021 se quedaba con el 75 por ciento de lo que se destinaba a exportación.
Sin embargo, quienes conforman la cadena vitivinícola esperan que paulatinamente nuestra bebida emblema esté presente en los mostradores de nuevos destinos de Asia y Europa gracias a que la distinción obtenida se convierte en la garantía de calidad y también en un mejor estatus para las marcas.