En Jardines de Lajas, entre piedras, viñedos biodinámicos se destila una idea grande: que el valle de Tarija deje de ser «un bar grande» y se convierta en un territorio de investigación, turismo consciente y bienestar.
Jurgen Kohlberg recibió a la revista Moscatel para un recorrido por Jardines de Lajas. La visita empezó en la casa grande, recorrió los viñedos y terminó con una copa de su vino: Taina (Tarija Natural).
Jardines de Lajas se encuentra pasando San Lorenzo, un lugar rodeado por el río Guadalquivir y viñas en las lomas de los cerros. Un sitio donde las lajas le dan nombre al territorio y que son la razón por la que no crece casi nada más que la vid.
Durante la conversación se habló de cosméticos hechos con orujo de uva, de un futuro hotel boutique, de un convento franciscano de casi cinco siglos y de un proyecto todavía más grande: convertir a la universidad Católica de Tarija en un polo de investigación.

SANAR
“Mucha gente joven viene disfrutar de sus vacaciones a Tarija, pero el exceso de copas y fiestas, no permite que los papás se sientan tranquilos», reflexiona Jurgen.
De esa idea nace una propuesta: «Tarija no tiene que ser un bar grande. Tarija tiene que ser un lugar de sanación», a partir de espacios que funcionen como de desconexión, es decir que vengan familias a recibir otras ofertas, como cortar su propio racimo de uva, tomar jugo de uva, pasear por las fincas, como también tomarte una copa de vino, comer rico y volverte reconfortado.
Este tipo de turismo lo comparó con las ofertas que existen para turistas extranjeros que llegan para hacer pesca de lujo: vienen en helicóptero y pagan miles de dólares por persona por un día. Su apuesta es que Tarija pueda brindar algo equivalente, ofreciendo experiencia, exclusividad y cuidado.

COSECHA NOCTURNA
Bajo esa visión de «sanación» hay una decisión productiva concreta: cultivar viñedos en la línea de la agricultura biodinámica, reemplazando los agroquímicos por preparados naturales.
Por eso, Jurgen cosecha de noche y aplica solo productos biológicos desarrollados en Cochabamba. «¿Por qué? Porque yo no me quiero enfermar. Si el viento te trae un producto de línea verde o línea roja, vos lo respiras y puedes terminar enfermando. Entonces, nosotros vamos por otra línea. Mucho más trabajo, sí, más complicado, sí. Pero también das bienestar a la gente que consume el vino«, resume.
Agrega que también se podría aprovechar el total de la materia prima, desde aceites, exfoliantes, cremas con resveratrol, jugos de la propia cosecha. «El orujo se reincorpora como abono, pero ¿qué pasa si armamos una línea paralela y lo transformamos? Tarija tiene un potencial enorme, no solo en el mundo del vino», plantea.
La reputación internacional de este enfoque ya empezó a construirse: su Pinot Noir, cultivado a 2. 040 metros sobre el nivel del mar en suelos de «lajas» donde casi no hay tierra, fue retratado por el diario The New York Times como uno de los vinos de mayor altitud del mundo. Produce sólo 2.000 botellas anuales. El reportaje describió al predio como una recreación de la Toscana italiana.
A la vez produceCabernet Sauvignon y blends de distintas modalidades con cepas como Cabernet Franc, Tempranillo, Merlot. «Es distinto a los Cabernets que he probado. Los otros tienen mucha madera, este es mucho más suave», describe, mientras hace notar que buena parte del trabajo consiste en dejar que la fruta se exprese sin maquillaje de barrica.
«Puedo tener 100 puntos en un vino este año y para el otro, con el mismo proceso, saco 90 porque cambió el clima. Y sigo poniendo la misma etiqueta con el mismo puntaje. Eso es marketing, y no me gusta», prefiero que hable la copa, apunta.
Entre catas aparece la anécdota de la la fotografía del The New York Times que le tomó junto a una cruz de piedra del predio, donde en la misma nota define a Tarija como un terroir vitivinícola de altitud todavía poco conocido en el mundo. Jurgen recuerda con orgullo discreto, casi como si esa imagen resumiera lo que busca para todo el valle de Tarija: reconocimiento internacional sin perder la escala artesanal de la que salió.
HOTEL BOUTIQUE
Jurgen ya se imagina el próximo salto de Jardines de Lajas: convertirse en un hotel boutique de lujo, con espacios de piedra y barro, con luz tenue y una temperatura ideal: «No es un concepto de hotel cinco estrellas. Es un concepto de hotel boutique».
El plan, todavía en boceto, contempla habilitar a nueve habitaciones repartidas en distintos sectores de la propiedad, con capacidad para no más de 18 personas en total.
INVESTIGACIÓN
Si en los viñedos habla como productor, en el segundo tramo de la conversación habla como rector. Y ahí el proyecto crece de escala. Cuenta que la UCB Tarija lanzó la carrera de Enología y Viticultura desde el convento franciscano, un espacio con más de más de 450 años de historia, ocupado primero por dominicos y luego, durante cuatro siglos, por franciscanos, y que llegó a funcionar como hospital durante la Guerra del Chaco.
«El convento tiene más historia que la misma historia de Tarija«, afirma, y sostiene que ahí está el verdadero origen de la vitivinicultura tarijeña: «Para mí es el kilómetro cero. Todas las agencias de viajes deberían partir desde ahí«, afirma.
Sobre ese patrimonio presentaron la nueva propuesta profesional, capaz de albergar a estudiantes de Tarija, Samaipata y Camargo. El horizonte, dice, se lo marcó un viaje reciente a Chile, donde constató el peso de la Pontificia Universidad Católica en la formación de la élite política y técnica del país vecino: hasta el punto, señala con asombro, de que ya tiene una facultad dedicada a la inteligencia artificial. “Será un punto de apoyo para tender convenios de investigación conjunta”, subraya.
El objetivo declarado es ambicioso: pasar de una universidad con vocación técnica a una de investigación a tiempo completo, con entre 30 y 40 investigadores a full time, financiada en parte con aportes privados.
