Una conversación, una propiedad en venta y una visión que nadie más tenía. Así nació Hacienda Don Julio en los valles de Tarija. Hoy, seis décadas después, la historia vive.
Don Julio Kohlberg Chavarría compra al señor Lucio Lema La Cabaña, una hacienda en Santa Ana la Vieja, en los valles altos de Tarija. Lo que nadie más en Bolivia estaba dispuesto a imaginar en ese momento era el proyecto que tenía Don Julio: convertir aquellas tierras áridas y silenciosas en el corazón de la primera vitivinicultura empresarial moderna del país.
LOS 60
Corría la década del sesenta cuando Don Julio Kohlberg selló aquel acuerdo. Los valles de Tarija todavía vivían al ritmo lento de las haciendas tradicionales. La vid existía en la región desde tiempos coloniales, pero nadie la había tomado en serio como industria.
Don Julio emprendió junto a su esposa, Doña Elia Rosa Campero, la transformación de La Cabaña con la misma lógica que guía a los grandes viticultores del mundo: paciencia, observación y fe en la tierra.

Aprendieron los ciclos. Corrigieron los errores. Y fueron acumulando, temporada tras temporada, un conocimiento que no estaba en ningún libro, porque nadie lo había escrito todavía en Bolivia.
«Vio viñedos donde otros veían terrenos. Vio futuro donde otros observaban únicamente el presente.»
TERROIR
Santa Ana la Vieja no es un terroir cualquiera. Mucho antes de la llegada de los Kohlberg, estos suelos fueron modelados por miles de años de actividad geológica: antiguos lagos interiores, sedimentos lacustres, corrientes de agua y fenómenos sísmicos que dejaron una huella invisible bajo la superficie. Cada parcela guarda una memoria distinta. Algunas hablan de minerales depositados durante eras; otras muestran la impronta de la montaña.
A esa complejidad se suma la altitud. Los valles tarijeños ofrecen una amplitud térmica marcada que obliga a la uva a madurar despacio, concentrando aromas y estructura. Es ese ritmo lento, ese estrés controlado, lo que da a los vinos de altura su carácter particular y difícilmente replicable en otras latitudes.
GENERACIONES
Con el tiempo, el paisaje comenzó a cambiar. La maquinaria modeló nuevas terrazas sobre las laderas. Los viñedos se multiplicaron. La bodega creció. Y a medida que crecía la empresa, también crecían los hijos: Julio, Herbert, Eduardo, Jaime y Erich Kohlberg Campero.
Ellos heredaron una forma de entender el trabajo. Aprendieron desde pequeños que la poda tiene su momento exacto, que cada variedad pide un suelo diferente, que la cosecha es el resultado de decisiones tomadas meses antes. Aprendieron, sobre todo, que entre la vid y el viticultor existe una relación que no se delega: tiene que ser personal, constante y paciente.
- Década de 1960
- Don Julio Kohlberg adquiere la hacienda La Cabaña en Santa Ana la Vieja. Comienzan los primeros viñedos.
- Años siguientes
- Se construyen terrazas y se amplían los viñedos. La familia desarrolla el conocimiento técnico del terroir tarijeño sin precedentes locales.
- Segunda generación
- Los cinco hijos asumen el legado. La hacienda consolida su identidad como referente vitivinícola de Bolivia.
- Tercera generación
- La familia continúa el proyecto. La bodega Kohlberg se posiciona entre los productores más reconocidos del país. Hacienda Don Julio se abre formalmente al enoturismo.
ENOTURISMO
La propuesta de enoturismo invita a recorrer los viñedos que Don Julio plantó hace más de seis décadas. Es una invitación a entender cómo trabaja el suelo, cómo madura la uva, cómo una decisión tomada en marzo define lo que habrá en la copa en diciembre. El recorrido culmina en el Wine Shop, donde las distintas expresiones de la línea Kohlberg pueden descubrirse y llevarse.
Por eso, en primavera vuelve Atmósfera, el restaurante temático de la hacienda, pensado para celebrar la alianza entre gastronomía de altura y los vinos que nacen en la hacienda. Un espacio donde la cocina y el vino cuentan la misma historia.