En estas tierras del sur, la producción del vino y el “aguardiente”, se comienza a contar desde la llegada de los primeros españoles. Traerlo de España significaba enormes gastos, cuidados y otras erogaciones que muchos de los llegados, en especial los frailes, se veían en figurillas al momento de costear ese traslado. En consecuencia fueron los religiosos los primeros en plantar la vid en estas tierras, para evitarse esos gastos, cuidados y erogaciones…
En esta región que vivimos, se dio una especie de “competencia” permanente por la producción de estos “líquidos divinos”, como anotara en los pocos escritos que dejó el Marqués Campero, el primero. Competencia entre los productores de Cinti y los de Tarija.
Los productores cinteños en muchas ocasiones tenían más fortuna que los de Tarija, su cercanía a los mercados de consumo –que en el fondo era Potosí- facilitaba la comercialización de sus productos, por lo tanto una renta más ágil y vigorosa.
Para los de Tarija, era más complicado. Además de competir con los de Cinti, debía competir con los de Salta, con los de Catamarca, incluso los de Córdova, sin contar otros vecinos del sur, que pugnaban también por llegar con sus productos a ese mercado potosino. Esto en la colonia, y en parte, al inicio de la república.
Al momento de la guerra del Chaco, debido a los factores de la peste en la vid, la inestabilidad de un mercado de consumo y principalmente debido a la conscripción obligatoria, es que la producción en las dos regiones anotadas cae a niveles pocas veces vistos antes.
No obstante ello en Cinti sobrevive una fuerte organización de productores que mantiene algún nivel de producción y de esa manera evitar llegar a la ruina. En Tarija, los productores siguen haciendo el esfuerzo de manera privada. Sobre ello la ciudad de Tarija se convirtió en el nudo obligatorio de paso de las tropas en marcha a la guerra, por lo que la atención de autoridades y productores estaba volcado más a la producción alimenticia, dejando de lado otros tipos de producción.
Si bien es cierto que desde el inicio del conflicto bélico los productores en ambas regiones cooperaron en la medida de sus posibilidades con el aporte que era necesario en el frente de batalla, un pasaje particular sucedió al inicio del segundo año de esa guerra.
Alberto Mealla, ciudadano del Valle de la Concepción, productor de vid, vino y aguardiente, tenía ojos sólo para sus hijas; veía de tarde en tarde, con tristeza, marchar desde la plaza principal del Valle a los conscriptos vallunos rumbo a Tarija y de ahí al Chaco.
Los productores de vid, vinos y aguardientes en el Valle fueron de los más afectados por la guerra. Primero se les confiscó las movilidades –a los que las tenían- y luego caballos, carretas y otros elementos de transporte. Finalmente, al igual que el resto del país, el Valle debía aportar con conscriptos y esta fue tal vez la mayor de las afectaciones, pues se quedan sin viñadores ni procesadores de vino.
El año 1934 cae con todo su rigor y la guerra es sentida en todas sus desgracias. Sin embargo es un buen año agrícola. La producción de vid aligera la triste realidad que se vive en Tarija. Don Alberto un día recibe un periódico de Tarija, donde se anunciaba que los productores de Cinti, habían organizado un Comité cuyo fin era recolectar 40 mil botellas de vino, para enviarlas al ejército en campaña. Agitado se encontraba el señor por el pronto matrimonio de su hija. Sin embargo se detiene sobre la noticia que acaba de leer. Entiende que las preocupaciones que le acarrea el matrimonio de su hija son menores comparadas con las preocupaciones de la patria en guerra y entiende que el esfuerzo de los productores cinteños es algo que debe ser complementado por los productores tarijeños. De esa manera busca a su hermano Ismael y a otros productores del Valle a quienes propone hacer una recolección similar y enviar lo reunido al ejército en campaña.
Aceptada la propuesta por otros productores, se decide la entrega para el mes de agosto de ese año de 1934. Vencido el plazo, llegada la fecha, se reúnen todos los que estuvieron de acuerdo y mandan una nota oficial al Comandante de Etapas en Tarija pidiendo permiso para “trasladar 20 mil litros de vino y 20 mil litros de aguardiente” (tales cifras indica la nota que poseemos) como aporte de los productores vallunos al ejército en campaña.
Lo anecdótico del pasaje de historia que recordamos es que “10 mil litros de vino donados por don Alberto Mealla”, son inscritos en el informe del Comandante de Etapas en Tarija, como parte del regalo de boda que éste hubo hecho por los esponsales de su hija Lila Mealla casada con Enrique Reyes Ortíz.
De esta manera el mes de agosto de 1934 sale desde Tarija un convoy particular de 5 camiones, rumbo al Chaco, trasladando en enormes Cubas de Tako, uno de los aportes de los productores vallunos al ejército en campaña.
PD. 1 De la producción de Cinti no se tiene certeza si se remitió o no. Los partes del Comandante de Etapas en Tarija, anotan “aportes de la provincia Avilés”.
PD. 2 De las Cubas enormes que fueron envase para el traslado del aporte valluno. Luego de servir su principal cometido, fueron utilizadas para trasladar agua a los soldados en las trincheras. Una Cuba quedó durante mucho tiempo en Samayhuate. De las demás se desconoce su destino.