La mirada de Luis Antelo suma. Él tiene una larga experiencia y formación en la cadena de uvas, vinos y singanis. Ahora viviendo en Europa transmite sus criterios con miras a pensar el futuro del sector.
Antes, nos brinda un dato revelador. Según estudios se sabe que existen alrededor de 85.000 hectáreas disponibles para crecer en viñas en el Valle Central. A mediano plazo con las represas existentes Santa Ana, Rumicancha y Huacata se podría alcanzar más de 21.000 hectáreas.
Luis propone que habría que ingresar a un nuevo ciclo de la industria. Sobre todo, mirando la sostenibilidad del sector. “Empezar a mirar también otras cosas que afectan, que son parte de este universo. Puede ser el momento de pensar desde una mirada de conjunto, y eso también jala al resto, con miras a un crecimiento equitativo”.
Uno de los mayores desafíos, cuenta, es generar una cadena más amplia, donde universidades, institutos, autoridades locales, servicios, empresarios, sectores de base y medios se conecten en las distintas instancias. “Creo que es esencial formar el recurso humano no solo en el manejo empresarial, sino en las relaciones estatales e interinstitucionales. ¿Cómo hacemos para tener un beneficio sectorial?”, explica.
Luis Antelo representa a Bolivia en la Asociación Internacional de Universidades de la Viña y el Vino (AUIV) que busca generar recursos que gestionan al sector vitícola con una visión global y es parte de la OIV. “Es una instancia constituida por países donde se desarrollan discusiones y motivaciones para regular el sector del vino. Es un organismo intergubernamental de carácter científico y técnico, con una competencia reconocida en el campo de la viña, vino, bebida a base de vino, uvas de mesa y otros productos derivados de la uva”, acota.
Señala que el vino mueve mucho dinero. En Chile genera como 5.000 millones de dólares con 210.000 hectáreas. Francia 798.000, Italia 718.000 y España 964.000 mil hectáreas. Además de Australia, Estados Unidos y los asiáticos que van rumbo a ser una fuerza impresionante.
“Es un sector que mueve una economía súper poderosa, y a partir de esta economía se desarrollan muchas áreas de suministro, como las universidades, siendo agentes de conocimiento que se pueden convertir en oferentes de servicio, que permita innovación constante a la industria, un rol que viene siendo sustituido por las empresas, lo que causa un crecimiento muy lento”
A partir de entender la globalidad del vino, la OIV crea una asociación de universidades (32) del mundo del vino. “Los profesionales que entienden del sector vienen a los países a generar un criterio global”. Recuerda que tiempo atrás se incluyó a Juan Misael Saracho.
Es una visión de la OIV por mantener armonía entre los países vitivinícolas, pero a su vez también contar con la visión global que ayuda a entender cómo está funcionando el vino y que se proyecte sobre bases sólidas.
La maestría Wine Management ya cuenta con 35 años. Este año nuevamente viajaron para entender qué es lo que pasa. Se empieza con niveles estatales, regionales, y después la perspectiva empresarial, y cómo estas tres interactúan. Se visitan cerca de 100 regiones en todo este periodo. Gente que vienen de áreas no únicamente productivas, sino también del arte, turismo, periodismo, médicos.
En ese sentido, Luis como delegado de la AUIV para Bolivia, gestionó el arribo de maestrantes hacia las bodegas del sur del país para que conozcan la producción del vino.
Le consultamos sobre lo que vieron los profesionales que arribaron a Tarija: “les sorprende la calidad del vino en el marco de un equilibrio que no es muy común entre madurez y acidez, y eso es a partir de un terroir que empieza a adaptar el crecimiento y la elaboración de las uvas a vinos que dan una identidad distinta. Recién son casi 30 años desde que los vinos varietales iniciaron un camino que identificó características de las uvas y su comportamiento para elaborar vinos”, aclara.
Conociendo el viejo mundo, se sabe que estos países llevan siglos adaptando un conocimiento a la elaboración de vinos, cada vez con mayor tecnología y comprensión logran estilos que llevó décadas.
¿Qué podemos acortar?, se pregunta: “Bolivia como que recién empieza ese camino, porque todavía no tenemos instituciones de investigación tan fuertes, no tenemos recursos humanos formados. Entonces esto hace que las condiciones de encontrar una tipología de producto sea súper lenta, aún queda muchísimo por descubrir”, afirma.
Sobre la apertura a EEUU del mercado del singani, señala que tiene que ser una prioridad de Estado, como lo hizo Perú con el Pisco, impulsando en el exterior el reconocimiento de DO para proteger a los exportadores de posibles imitaciones. Luego validar la DO Singani en Bolivia y que funcione el Consejo Regulador. Entonces el mercado va a crecer en la medida que se posicione un producto. Y si el Estado no es capaz de acompañar iniciativas empresariales será muy difícil.