Hay un gesto que todo bebedor de chuflay conoce de memoria: antes del primer sorbo, se derrama una gota al suelo.
Un «cariñito» para la Pachamama, para los ausentes, para la buena suerte. Casa Real tomó ese ademán casi automático y le dio una segunda vida: convertirlo en pregunta, en campaña y, sobre todo, en excusa para mirar a Bolivia con otros ojos.
¿CUÁL ES TU CARIÑITO A BOLIVIA?
La consigna suena simple, casi coloquial, pero esconde una apuesta arriesgada en tiempos de polarización: en lugar de sumarse al ruido de la crispación cotidiana, la marca bandera del singani decidió construir un espacio de reconocimiento. No busca ignorar las dificultades del país, sino recordar que, incluso en medio de ellas, hay gente construyendo algo bueno, muchas veces sin cámaras ni titulares.
MOVIMIENTO
«Cariñito a Bolivia» nace de una lectura casi antropológica de la costumbre boliviana: ese pequeño derrame ritual que acompaña al chuflay se resignifica como metáfora de gratitud activa. Ya no es solo un brindis a lo invisible, sino una invitación a poner nombre y rostro a quienes, con su oficio, su arte o su compromiso, sostienen algo del país que vale la pena celebrar.
La campaña parte de una idea de fondo: Bolivia es un territorio que ha aprendido a levantarse. Y en ese aprendizaje colectivo, sostiene Casa Real, siempre hay motivos que están en manos de la propia gente, no en la coyuntura.
BOLIVIANOS
El primer capítulo de la campaña fue salir a buscar esos «cariñitos» hechos persona. El resultado es un mosaico curioso: música, cine, gastronomía, ciencia, activismo y oficios que rara vez comparten espacio en un mismo homenaje.
Ahí aparecen el guitarrista Willy Claure y la violinista Luciel Izumi; los cineastas Rodrigo Bellott, Alejandro Loayza y Juan Pablo Richter; los actores Soledad Ardaya y Luis Bredow; los chefs Coral Ayoroa y Santos Coaquira; los periodistas Tuffí Aré y Juan Carlos Salazar del Barrio; la muralista Renate Hollweg y el novelista Juan Claudio Lechín.
Y este es quizás el gesto más interesante de la campaña, nombres que rara vez llegan a un reconocimiento público: la científica e inventora Grecia Bello, la embajadora de innovación Nair Pérez Poppe, el diseñador de etnomoda Luis Daniel Ágreda, el impulsor de economía circular Manuel Laredo, los bomberos voluntarios Enrique Bruno y Álvaro Castillo, y los activistas Martín Vargas y Daniela Justiniano.
Lo que distingue a esta iniciativa de un simple listado de homenajeados es su mecánica: cada persona reconocida debe, a su vez, señalar el «cariñito» de alguien más. Un relevo emocional que multiplica las historias en lugar de agotarlas.
«Una acción puede inspirar más y, juntas, formar un mosaico de historias que muestre las distintas maneras en que los bolivianos expresan su vínculo con el país. Porque un cariñito puede parecer pequeño, pero cuando muchos comparten el suyo, se convierte en una expresión colectiva de todo lo bueno que existe en Bolivia«, explica Ignacio Rojas, Brand Manager de Singani Casa Real.
