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Takesi, el café que llega a las tazas más exigentes del mundo

Takesi no compite por volumen, sino por calidad: selección manual, trazabilidad y relaciones directas con tostadores.
Takesi no compite por volumen, sino por calidad: selección manual, trazabilidad y relaciones directas con tostadores.

Una finca de ocho hectáreas, laderas de hasta 70% de pendiente y un cultivo que nadie en la familia sabía si funcionaría. Veinticinco años después, el café de la familia Iturralde se tuesta en Japón, Dinamarca y Canadá, entre otros países.

En 2001, un especialista colombiano caminó por una propiedad de la familia Iturralde en Sud Yungas y vio lo que el resto no veía: suelo y altura capaces de dar un café fuera de serie. Carlos Arturo Iturralde Ballivián le hizo caso. Un año después plantó las primeras matas de Typica, sin manual ni antecedentes en esas condiciones. Así nació Takesi.

La finca está en Yanacachi, entre los 1.850 y los 2.300 metros sobre el nivel del mar. Allí el café madura despacio y casi todo el trabajo se hace a mano, en pendientes de entre 60% y 70%. Solo ocho hectáreas son productivas. Crecen Geisha, Java, entre otros.

La primera señal de que la apuesta funcionaba llegó en 2009, cuando Takesi ganó la Taza de Excelencia de Bolivia con 93,36 puntos. Ese resultado atrajo a compradores internacionales, entre ellos el tostador japonés Maruyama Coffee, que sigue siendo cliente hasta hoy. En 2010 llegaron semillas de Geisha desde Panamá y hubo que esperar hasta 2014 para catar la primera cosecha. En ese momento, cuenta la actual gerente general, Mariana Iturralde, supieron que tenían su «diamante».

Takesi tuvo que construir su reputación desde cero y demostró que Bolivia puede producir cafés extraordinarios, afirma Mariana Iturralde, CEO de la empresa.
Takesi tuvo que construir su reputación desde cero y demostró que Bolivia puede producir cafés extraordinarios, afirma Mariana Iturralde, CEO de la empresa.

El reconocimiento mundial llegó en 2018. Bolivia fue sede del décimo Taller Mundial de Café Extraordinario, organizado por la estadounidense Intelligentsia Coffee junto a Agricafé y Agrotakesi, y entre el 6 y el 12 de septiembre reunió a unos 80 participantes de 11 países. De los 65 cafés enviados por los socios de la empresa, 16 fueron seleccionados y viajaron a Bolivia para la competencia interna.

Geisha de Takesi se llevó cinco distinciones: mejor café del hemisferio sur, de Sudamérica y de las Américas, el más dulce y la Medalla de Oro.

«Realmente podemos producir uno de los mejores cafés del mundo», dijo entonces Iturralde.

Siete años después, la empresa mantiene la misma lógica. No compite por volumen, sino por calidad: selección manual, trazabilidad y relaciones directas con tostadores de Japón, Dinamarca, Emiratos Árabes Unidos, Australia, Canadá y Estados Unidos. Alrededor de 15 personas trabajan en la operación, unas 12 en la finca y tres en La Paz.

«Hicimos que primero hablara el café», resume Iturralde sobre una estrategia que, dice, no se apoyó en campañas, sino en repetir la calidad cosecha tras cosecha.

Bolivia no figura entre las grandes potencias cafeteras y Takesi tuvo que construir su reputación desde cero. Su gerente reconoce que la marca no transformó por sí sola la caficultura del país, pero sostiene que demostró que Bolivia puede producir cafés extraordinarios.

Ahora la apuesta pasa a la segunda generación. Iturralde, quiere que en las próximas dos décadas Takesi sea sinónimo de sostenibilidad, innovación, excelencia y origen boliviano, sin crecer a costa de la calidad.

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