En el acto de firma del convenio con la CAF (Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe) para la ejecución de la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) en Tarija, el presidente Rodrigo Paz anunció la modificación del Impuesto a los Consumos Específicos (ICE) y convocó a la entidad para ampliar el sistema de riego de San Jacinto.
El planteamiento instala una visión de mediano plazo que combina alivio fiscal y expansión productiva como ejes de desarrollo regional. Si las medidas se implementan con planificación técnica y coordinación sectorial, el valle central podría consolidarse como un polo vitivinícola de mayor escala en el contexto sudamericano.
En un departamento donde la uva no solo es cultivo, sino identidad y cultura económica, los anuncios abren una nueva etapa para la cadena vitivinícola. El desafío ahora será traducir la voluntad política en normativa concreta, financiamiento efectivo y ejecución eficiente para que el crecimiento proyectado se convierta en realidad productiva.

REFORMA AL ICE
“El ICE se va a modificar para que le demos ventaja a los bodegueros, a los productores, a los singaneros, a los que producen uva y vino, que mueven más de 130 millones de dólares en Tarija”, afirmó el jefe de Estado.
El ICE es un tributo nacional que grava la comercialización de productos con contenido alcohólico, entre otros. Para el sector vitivinícola, su peso ha sido motivo de cuestionamiento permanente por el impacto que tiene en el precio final y en la competitividad frente a otras bebidas y frente al contrabando.
La anunciada modificación apunta a generar condiciones más favorables para una cadena productiva que integra campo e industria, y que representa uno de los principales motores económicos del sur del país. De concretarse, la medida podría traducirse en mayor margen para inversión, formalización y expansión comercial de bodegas y destilerías.

RIEGO DESDE SAN JACINTO
El segundo anuncio tiene carácter estructural. El presidente adelantó la posibilidad de que la CAF respalde una nueva inversión de 600 millones de bolivianos para ampliar el sistema de riego desde San Jacinto, lo que permitiría incrementar la superficie cultivada de uva en casi 10.000 hectáreas, más del doble de lo actualmente disponible en el valle central.
La ampliación de la red de tuberías no solo consolidaría la sostenibilidad hídrica en una zona estratégica para la viticultura, sino que habilitaría el crecimiento de la frontera agrícola, con nuevas plantaciones, mayor diversificación varietal y expansión industrial asociada.
Paz fue más allá y proyectó un escenario de crecimiento acelerado: “De aquí a unos cinco o seis años Tarija puede estar triplicando su capacidad de producción y estaremos hablando no de 120 o 130 millones de dólares al año, sino de 250 hasta 300 millones de dólares en producción de uva, singani y otros”.
