Un estudio del Growth Lab de Harvard confirma lo que quienes viven del turismo en Bolivia repiten hace años: el país tiene el paisaje, la cultura y la demanda. Lo que le falta son reglas claras.
Hay una imagen que se repite en cada atardecer sobre el Salar de Uyuni: el cielo se parte en dos, el espejo de agua duplica el horizonte, y decenas de turistas intentan capturar algo que ya saben que no van a poder explicar del todo cuando vuelvan a casa.
Ese instante, ese activo, Bolivia ya lo tiene. Lo confirma incluso un equipo de economistas de Harvard que pasó 18 meses estudiando por qué ese instante no se traduce en más divisas para el país.
El informe, elaborado por los investigadores Tim Freeman y Ricardo Hausmann para el Growth Lab de la Harvard Kennedy School, y financiado por el empresario boliviano-estadounidense Marcelo Claure, llega a una conclusión que en el sector turístico local se comenta desde hace tiempo en ferias, ruedas de negocios y sobremesas: la demanda existe, los atractivos están, pero al país, el 2024, no llegaron 374 MM de dólares, no es un bache pasajero, sino una tendencia que se abre desde 2012.

CONEXIÓN
Para quienes trabajan hace años recibiendo viajeros en Bolivia, el diagnóstico tiene nombre y apellido: conectividad aérea. El estudio documenta cómo, en 2012, Aerosur dejó de operar y cómo American Airlines cerró sus vuelos a La Paz. Desde entonces, la única conexión directa con Estados Unidos, el origen de más de un tercio del déficit turístico del país, quedó en manos de la estatal Boliviana de Aviación.
El propio informe destaca una cifra que sorprende: mejorar la frecuencia de vuelos directos le generaría a Bolivia ganancias casi ocho veces mayores que a un país comparable promedio. Es decir, no se trata de un mercado más sensible al marketing o a la promoción, sino a algo mucho más concreto: que los aviones lleguen.
Hay una señal, sin embargo, que empieza a moverse. American Airlines manifestó interés en retomar vuelos directos al país, y la extinta Aerosur anunció planes de relanzarse bajo el nombre NeoSur, a condición de que la reforma regulatoria se sostenga en el tiempo.
Bolivia también firmó memorandos hacia acuerdos de Cielos Abiertos con Brasil, Chile, Paraguay y Panamá.
DESTINO
El segundo obstáculo que identifica el estudio es más silencioso, pero igual de determinante: la coordinación alrededor del circuito del Salar de Uyuni. El municipio de Uyuni, puerta de entrada al mayor desierto de sal del mundo, tiene apenas alrededor de un 22% de sus hogares urbanos conectados al alcantarillado, frente a un promedio nacional que supera el 65%. Un solo vuelo diario lo une con El Alto, y ninguno directo con Santa Cruz.
El informe describe el problema con un concepto que cualquiera que haya intentado montar un emprendimiento turístico en zonas rurales bolivianas reconoce de inmediato: un destino necesita, todos a la vez, hospedaje, gastronomía, transporte, agua, seguridad jurídica y promoción. Si falta uno solo de esos ingredientes, ningún inversionista se anima a entrar solo, y ningún municipio prioriza la obra pública si no hay una inversión privada esperándola del otro lado. El resultado es un círculo que no termina de cerrarse.
El caso más elocuente que recoge el estudio ocurrió en Tahua, donde ocho cúpulas de lujo construidas con inversión suiza fueron destruidas por incendios en medio de un conflicto por tierras comunales, luego de que el proyecto pidiera protección policial sin obtener respuesta. En contraste, los municipios donde opera la red Tayka, que reparte ingresos y empleo con las comunidades locales, muestran un crecimiento sostenido del empleo turístico entre 2012 y 2024.
REFORMAS
La propuesta de Harvard no exige reinventar Bolivia, sino destrabar dos cerraduras concretas: abrir los cielos, bajando costos aeroportuarios, terminando con el monopolio de combustible de YPFB Aviation y negociando acuerdos de Cielos Abiertos y construir, alrededor del Salar, un pacto voluntario entre comunidades, gobierno nacional y municipios que garantice reglas claras de uso de suelo a cambio de inversión pública en infraestructura.
Como resume el propio estudio, el potencial turístico de Bolivia hoy no está limitado por la geografía, sino por fricciones que sí pueden corregirse.
Para quienes construyen, la narrativa del turismo boliviano desde el sur del país, la conclusión no es una sorpresa: el Salar, los valles, las rutas del vino y el singani ya tienen quien los quiera visitar.
Lo que Harvard puso en números es, en el fondo, algo que Bolivia intuye hace tiempo que su mayor desafío no es despertar el interés del mundo, sino estar lista para recibirlo.
Fuente: Growth Lab Working Paper N° 266, «Un Giro Económico para Bolivia: Un Diagnóstico de Crecimiento del Sector Turístico», Freeman, T. y Hausmann, R., Harvard Kennedy School (abril 2026). Reporte original de El Post (26 de abril de 2026).
