El viernes pasado se celebró el Día del Sauvignon Blanc, un vino blanco que ofrece una amplia gama de estilo y sabores según el terroir en que se origine.
Gracias a su versatilidad, esta cepa puede ser cultivada en distintos climas, lo que entrega un sabor distinto a la uva y un carácter propio de cada valle que se cosecha, sin embargo, la condición ideal son los climas fríos.
Sauvignon Blanc es un vino que se debe servir a una temperatura entre los 10 y 12° c, para que libere todas sus cualidades y características, dejando apreciar su intensidad propia.
Es una de las uvas blancas más populares por sus vinos de refrescante acidez y es también una de las variedades más extendidas alrededor del mundo gracias a su capacidad para adaptarse a diferentes climas; por lo que podemos encontrar vinos deliciosos (aunque distintos entre si) en todos los continentes.
Su nombre deriva de las palabras francesas “sauvage” (salvaje) y “blanc” (blanco). El carácter de esta cepa es siempre reconocible, pero las distintas latitudes y suelos le confieren diferentes matices, aromas herbáceos y cítricos, con notas que van desde pasto recién cortado, toronja y algunas notas tropicales como la piña.
En su forma más pura, produce vinos frescos, vibrantes y con una acidez notable. Además, es una uva que da una variedad de vinos inmensa; desde los clásicos frescos y jóvenes, hasta vinos con barrica perfectamente integrada, sin dejar de lado los grandes vinos dulces que se elaboran a partir de esta cepa.
MARIDAJE
El Sauvignon Blanc cuenta acidez equilibrada y la estructura que tiene de aroma permite acompañarlo con comidas que no tengan un gran contenido de especias o que no sean de elaboraciones muy complejas. Por su carácter frutado, estaría bueno acompañarlo con carnes blancas, pastas, picadas o simplemente solo tomándolo bien refrescado.
