Llegan las tardes más largas y calurosas y con ellas los amigos.
Te han invitado a comer, y como amante del vino sabes que no hay mejor detalle que llevar una botella al anfitrión.
La llegada del mes de septiembre, trae consigo el resurgimiento de la primavera. Una estación templada con temperaturas cálidas en la que las flores se abren y se crean unos paisajes coloridos únicos, con un ambiente de romanticismo latente, característico de la época del año en la que nos encontramos.
En primer lugar, y pese a no ser la única opción, los blancos y espumosos van a ser un acierto. Con la llegada del calor, podemos optar por un clásico vino blanco de uva. Sea cual sea tu elección, el éxito está asegurado porque la acidez de estas uvas hace de ellos vinos muy refrescantes y perfectos para estos meses. Otra opción son los vinos rosados, que tanto en su versión tranquila como los espumosos, nos cautivan siempre con su frescor.

Sin embargo, atrás queda el estereotipo de que en primavera los vinos tintos tienen que dejar paso a los vinos blancos. Pues, con el paso de los años el vino tinto se ha ido adaptando a cada situación y hoy en día podemos decir que es un vino completo, válido para cualquier periodo el año. En ese caso, lo que vamos a buscar van a ser vinos tintos jóvenes, ligeros y afrutados, con menos graduación y más acidez
Si no logras decidirte por una única variedad, invita a tus amigos o familiares a tu casa y organiza una degustación de vinos primaveral. Puedes elegir una selección de vinos blancos, rosados y tintos para probar, y acompañarlos con aperitivos primaverales como quesos suaves, frutas frescas y ensaladas. De postre prepara un helado casero y acompáñalo de tu vino generoso favorito.
