La Guía Descorchados publicó su informe anual 2024. Y esta vez participaron Bolivia y Perú.
El autor es Patricio Tapia, periodista y escritor especializado en vinos, conocido por sus guías y libros, así como por su trabajo de columnista de revistas especializadas de Chile y el extranjero.
Tapia ya cuenta con una larga trayectoria sobre su particular mirada de la vitivinicultura en Sudamérica, las tendencias, evolución y recorrido de la industria. En este caso le puso su paladar a Bolivia:
Según su experiencia puntuó a los vinos de Bolivia. Calificó a los top 10: La bodega Jardín Oculto Los Membrillos recibió 94 puntos con la cepa negra criolla (top tinto). Con 93 puntos: Aranjuez Don Milton Legado, Campos de Solana TRIvarietal (top blanco), Granier Ortiz Principia, Jardín Oculto San Roque. Con 92 puntos: Aranjuez Pionero, Campos de Solana Esther Ortiz, Jardín Oculto, Kohlberg Icono y Raíz.
En la introducción de su informe Tapia manifiesta que en Bolivia conviven dos razones: productores que buscan rescatar variedades criollas y otros que intentan por la modernidad. Una dualidad que persiste, tal vez, en tensión. “Si les pica la curiosidad vinos hechos con imporeña, vischoqueña, negra criolla, albilla o quebranta o, más bien, prefieren tintos y blancos más conocidos hechos de cabernet, chardonnay o syrah”, agrega Tapia.
En su siguiente apartado subtitulado “Una introducción a un mundo diferente”, continúa: “en Bolivia y Perú, dos países productores que, por tamaño y por desarrollo, están algunos pasos atrás en comparación con las “grandes potencias” de la región, como Argentina y Chile. Y no solo por volumen, sino que también por el nivel de su industria, el nivel de sus vinos y también por el momento en el que se encuentran como escena vitícola, su grado de desarrollo, tanto en términos comerciales como de marketing y enológicos”.
Tapia destaca la afinidad por los vinos dulces. “La tentación de agregar dulzor es grande”, afirma, ya que tiene que ver con la necesidad de satisfacer a un consumidor y razones económicas de las bodegas: “La mayor parte tiene un apartado de vinos dulces con los que hace caja”. Esta modalidad no contribuye a desarrollar gusto por el vino, concluye.
Continuando con su informe. Tapia destaca al Singani. “Los bolivianos ofrecen el refrescante chuflay (ginger ale, hielo, singani y un chorro de jugo de limón, si les apetece) ideal para apagar la sed”, afirma.
También resalta el avance de Tarija en cuanto a infraestructura e instalaciones para el vino y el turismo: “Tarija le lleva leguas de distancia a Ica en cuanto a infraestructura e instalaciones para el turismo de vino, nos encanta el paisaje, los vinos y la gente de Tarija, que nos hace sentir como en casa”.
Tapia también subraya que no es lo mismo competir con cepas ya conocidas e instaladas en el mundo que hacerlo con una “buena vischoqueña del Valle de los Cintis, es una cosa completamente diferente”.
Por su parte, realiza una crítica positiva sobre el estado de la industria vitícola en Bolivia: es como encontrarse en otra etapa de su desarrollo “distinto”. Señala que es tiempo de mirar más a fondo al terroir y a la comunicación del vino: “Y sin duda que ha habido avances, aunque aún no se habla de sentido de lugar, de carácter de terruño, de bajar los niveles de alcohol, de moderar las extracciones”.
