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Tarija: la historia detrás de la bodega más antigua de la ciudad

Fue la primera bodega de la región, testigo de más de cuatro siglos de historia vitivinícola
Fue la primera bodega de la región, testigo de más de cuatro siglos de historia vitivinícola

Entre las paredes de piedra del convento franciscano de Tarija se guarda algo más que arte colonial y manuscritos centenarios: la primera bodega de la región, testigo de más de cuatro siglos de historia vitivinícola.

Cuando los franciscanos llegaron a Tarija en 1606, no venían a plantar viñedos. Venían a fundar un convento. En mayo de ese año, el pueblo de Tarija se reunió en cabildo y pidió a la Audiencia de Charcas la autorización para instalar una comunidad franciscana. Los trabajos comenzaron, aunque pronto se suspendieron por falta de consentimiento del Patronato Regio. El convento, dedicado a Nuestra Señora de Santa María de los Ángeles, recién se construyó entre 1627 y 1645, con una nave central en forma de cruz latina.

Entre las hortalizas que alimentaban a los frailes y a los pobres que acudían al convento, se plantaron también los primeros viñedos
Entre las hortalizas que alimentaban a los frailes y a los pobres que acudían al convento, se plantaron también los primeros viñedos

Nació como «recoleta»: un convento de estricta observancia, dedicado casi por completo a la vida litúrgica y espiritual, con escaso personal religioso dentro del extenso mapa conventual de Charcas. Pero aquella comunidad pequeña tenía un problema práctico: cómo sostenerse. La propiedad conventual ocupaba cuatro manzanas de la naciente ciudad, y buena parte de ese terreno se destinó a huerta. Ahí, entre las hortalizas que alimentaban a los frailes y a los pobres que acudían al convento, se plantaron también los primeros viñedos.

VINO PARA LA MISA

La necesidad más evidente era litúrgica: no hay misa católica sin vino de consagrar, y un convento alejado de los centros de abastecimiento colonial no podía depender de que las provisiones llegaran a tiempo desde otras regiones. Pero las crónicas conventuales dejan entrever que la producción de vino excedió pronto ese único propósito. Según registros históricos recogidos por investigadores locales, aquella comunidad se autoabastecía en buena parte de sus necesidades gracias a productivos viñedos que proporcionaban el vino que los frailes necesitaban, tanto para la misa «como para sus gargueros italianos, acostumbrados a esa rica bebida«, una referencia directa al origen de buena parte de los religiosos que integraban la orden en Tarija.

El convento, con el tiempo, se convirtió en una suerte de ciudadela autosuficiente dentro de la trama urbana colonial: huerta, viñedos, biblioteca, enfermería y bodega convivían bajo un mismo techo de adobe y piedra, materiales típicos de las construcciones tarijeñas.

BODEGA DE SIGLOS

La bodega de piedra que hoy se conserva dentro del complejo data, según los registros del propio museo, de alrededor de 1900, siendo una reconstrucción posterior sobre una tradición que ya llevaba casi tres siglos en el lugar.

Ahí se guardan todavía los primeros enseres que usaban los frailes para elaborar el vino: herramientas, recipientes y utensilios que dan cuenta de una técnica artesanal transmitida de generación en generación dentro de la orden.

En 2006, el Congreso Nacional declaró al conjunto conventual Patrimonio Nacional Histórico y Cultural
En 2006, el Congreso Nacional declaró al conjunto conventual Patrimonio Nacional Histórico y Cultural

El convento no fue solo bodega. Los franciscanos trajeron consigo, junto con la vid, una vastísima colección de libros sobre literatura, filosofía, derecho, teología y arte, que hoy conforma una de las bibliotecas conventuales más importantes del continente: cerca de 11.000 volúmenes en la biblioteca antigua, algunos con más de cinco siglos de antigüedad, y otros 10.000 en la biblioteca moderna. A eso se suma un archivo con más de 30.000 páginas que documentan cuatro siglos de historia de Tarija y de otras regiones del sur boliviano, y una pinacoteca colonial con más de 70 cuadros.

En 2006, el Congreso Nacional declaró al conjunto conventual Patrimonio Nacional Histórico y Cultural, reconociendo un valor que excede lo religioso: se trata, en los hechos, del archivo más completo que existe sobre la formación de la propia ciudad de Tarija.

DE MUSEO A BODEGA

Durante buena parte del siglo XX, la producción de vino dentro del convento fue perdiendo protagonismo, hasta quedar reducida casi a un vestigio dentro del recorrido museográfico. El giro llegó recién en 2016, cuando el Centro Eclesial de Documentación (CED), administrador del museo, decidió retomar formalmente la elaboración de vino en la bodega histórica, no ya como necesidad litúrgica, sino como forma de recuperar y mostrar un patrimonio que corría el riesgo de quedar solo en los libros.

En la actualidad la bodega, inició un nuevo período, ya que se encuentra en el proceso de volver a producir. Sus puertas se abrirán desde diciembre del 2026 a quienes quisieran conocer de cerca, el proceso que los frailes legaron a la región junto con el cultivo de la vid.

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