🎉 Estamos de aniversario - gracias por visitarnos

El cañón que guarda los viñedos más antiguos de Sudamérica

El Valle de Cinti preserva un sistema vitícola único en el mundo.
El Valle de Cinti preserva un sistema vitícola único en el mundo.

A 2.400 metros de altitud, entre paredes de tierra roja y ríos torrentosos, el Valle de Cinti preserva un sistema vitícola único en el mundo: vides centenarias entrelazadas en árboles nativos, variedades criollas sin registro internacional y una denominación de origen que apenas comienza a descubrir su propio potencial.

Cuando los misioneros dominicos, jesuitas y agustinos llegaron al corazón de lo que hoy es Bolivia, en 1584, trajeron consigo más que fe: trajeron vides. En los valles profundos del departamento de Chuquisaca, a resguardo de los vientos por cordilleras que actúan como muros naturales, encontraron un microclima templado y mesotérmico, suelos rojizos ricos en hierro y una irradiación solar que no conocía descanso. Allí nació el Valle de Cinti, que hoy se postula con creciente convicción como uno de los territorios vitivinícolas más singulares del continente.

El especialista suizo Alex Gähwiler, Diploma WSET Weinakademiker y Certified Master PAR —con experiencia como jurado en el Grand Prix du Vin Suisse— visitó la región entre el 5 y el 10 de diciembre de 2025. Su informe de campo, base documental de este artículo, constituye uno de los análisis técnicos más completos realizados por un evaluador externo sobre el Valle de Cinti en los últimos años.

«Los vinos producidos en el Valle de Cinti, a una altitud aproximada de 2.400 metros, se encuentran entre los vinos de mayor altitud del mundo. Las antiguas variedades criollas ya están recibiendo atención en los mejores restaurantes de La Paz y Santa Cruz.», señalo Alex Gähwiler.

MOLLAR

En el centro del Valle de Cinti, en los viñedos de San Roque, crecen las vides franco injertadas más antiguas de Sudamérica. Lo que las hace excepcionales no es sólo su edad, sino la técnica de cultivo que las sostiene: el método «Mollar», en el que la vid se entrelaza con el árbol nativo Molle (Schinus molle), el Chañar (Geoffroea decorticans) o el Algarrobo. Este sistema, descrito por Gähwiler como uno de los pocos ejemplos contemporáneos de agroforestería vitivinícola sostenible a nivel mundial, ha sido nominado internacionalmente para la designación de Patrimonio Cultural de la UNESCO.

Las ventajas son múltiples y documentadas: el árbol actúa como barrera contra heladas, granizo, viento y plagas; sus raíces profundas protegen los viñedos ribereños de inundaciones repentinas; su resina repele insectos y aves; y el aumento de humus en el suelo aporta notas aromáticas especiadas que se transfieren directamente al vino. Según el estudio de Oliva Oller et al. (2020), los perfiles genéticos de las variedades cultivadas bajo este sistema ni siquiera figuran en bases de datos internacionales: son un patrimonio genético invisibilizado.

Javier Revollo Montellano, de Bodega La Caldera (Villa Abecia), representa la tercera generación de su familia en este sistema. Sus vides sin injertar de la variedad Mollar superan los 200 años. «Hay que saber trepar a los árboles para cosechar las uvas», explica, según recoge Gähwiler en su informe. «Es mucho trabajo, pero la ventaja es que no se necesitan productos químicos.»

La Vischoqueña es quizás la variedad más fascinante del Valle. Exclusiva de Cinti, identificada genéticamente como un cruce entre Moscatel de Alejandría y una variedad tinta desconocida, probablemente misionera, produce racimos irregulares con bayas de maduración desigual, pieles finas y una intensidad aromática que recuerda al Pinot Noir o a las mejores Mencías gallegas. Gähwiler cató un Vischoqueña 2021 de Yokich Winery al que otorgó 97 puntos: «cerezas rojas y ciruelas frescas, taninos finos y suaves, con cuerpo; primeros signos de madurez».

La Negra Criolla, genéticamente idéntica a la Listán Prieto de las Islas Canarias según análisis de ADN, fue durante siglos la uva dominante en América. En Bolivia se ha adaptado a la gran altitud y, cuando el rendimiento se controla, produce vinos de notable concentración y carácter. En la XI Feria del Vino de Monte Sandoval (noviembre 2025), donde Gähwiler ejerció como presidente del jurado, los vinos artesanales de Negra Criolla fueron los más destacados de la competición, con puntuaciones entre 88 y 94 puntos.

El Moscatel de Alejandría, variedad que recorrió el mundo desde el Egipto faraónico hasta la Península Ibérica y de allí a América en el siglo XVI, es hoy la base del Singani, aguardiente con Denominación de Origen Protegida desde 1992, y la variedad más cultivada en Bolivia, con más de 3.000 hectáreas en producción nacional. Pero la tendencia que señala Gähwiler apunta a versiones secas de Moscatel de gran intensidad aromática: «Los intensos días y noches en la montaña permiten que la vibrante acidez se desarrolle plenamente».

BODEGAS

Cepa de Oro

4.ª generación · Camargo

Pioneros del Moscatel seco. Jaime Rivera Valdivieso recupera variedades ancestrales con rigor técnico. Mejor puntuación de la visita: Moscatel Fortificado, 97 Pt.

Yokich Winery

5.ª generación · Camargo

Fundada por el enólogo croata Natalio Yokich en el s. XIX. Gestiona un banco genético de vides de 35 a 350 años. Múltiples premios internacionales.

San Francisco de la Horca

4.ª generación · Camargo

Familia Vacaflores. Artesanía extrema: fermentación y crianza en damajuanas históricas de vidrio. Edición limitada, identidad máxima.

La Caldera

3.ª generación · Villa Abecia

Guardiana del sistema Mollar. Vino orgánico «Molle» elaborado con uvas sin injertar de más de 200 años. Negra Criolla 2025: 96 Pt.

Bodega San Pedro

Fundada en 1550 ·

Considerada la cuna del Singani. La bodega más antigua del país celebra en 2025 el centenario de su producción industrial bajo el liderazgo de Javier Calvo.

Cepas de mi Abuelo

Manuel Daroca · Villa Abecia

Sistema de conducción en pérgola, cava subterránea natural y crianza obligatoria de 2 años en botella. Cabernet + Malbec 2022: 94 Pt.

DO IG

En enero de 2022, Bolivia estrenó su primera y única Denominación de Origen con once productores fundadores y el sello DO IG-Valle de Cinti, que ampara las variedades Vischoqueña, Negra Criolla, Moscatel de Alejandría y el Singani.

Para Gähwiler, es un primer paso prometedor, pero insuficiente: «Los viticultores aún tienen mucho por hacer para crear vinos consistentemente aclamados que cumplan con los estándares de una DOC internacional/europea. Se necesitan nuevas directrices sobre la crianza de Reserva/Gran Reserva y los rendimientos máximos por hectárea».

El desafío es estructural: de las 1.700 hectáreas del cañón, sólo 400 están dedicadas a la viticultura, limitadas por la topografía; los viñedos crecen principalmente en riberas fluviales expuestas a crecidas; la exportación del Singani apenas alcanza el 4% de la producción total, unos 7,5 millones de litros anuales, debido a impuestos y rutas de transporte complejas. Sin embargo, la evaluación de campo de Gähwiler encontró vinos de muy alta calidad elaborados mediante métodos diversos: desde acero inoxidable hasta ánforas de barro y damajuanas de vidrio colonial.

«La mayor fortaleza de los pequeños productores del Valle de Cinti reside en su alto potencial de diferenciación: historia, viñedos centenarios en espaldera, variedades criollas, altitud y baja infestación de plagas.», dijo Alex Gähwiler.

Una joven generación de viticultores está tomando el relevo con conciencia patrimonial. El cambio climático, lejos de ser sólo una amenaza, está revalorizando los sistemas tradicionales Molle y Chañar por su mayor resiliencia biótica y abiótica.

El enoturismo emergente señala una dirección clara: el Valle de Cinti no compite por volumen, sino por singularidad. Y en ese terreno, pocas regiones del mundo pueden presentar credenciales comparables.

  • 400 hectáreas de viñedo
  • ~500 años de historia vitivinícola
  • 2.400 metros de altitud media
  • 16 bodegas activas en la región
  • 7,5 M litros de Singani/año
Etiquetas:
Facebook
Twitter
WhatsApp

También te puede interesar

Se priorizó el intercambio de saberes por encima de la competencia, fortaleciendo la identidad,...

La vid fue introducida por los padres Agustinos primero y luego por los Jesuitas...

Abril en Brasil tendrá aroma a copa recién servida. La esperada cata de lanzamiento...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *