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Sabores de Semana Santa: el arte de maridar

Elegir un vino que no reste protagonismo al plato.
Elegir un vino que no reste protagonismo al plato.

Entre recetas familiares, pescados, mariscos y chocolates de Pascua, la celebración invita a elegir vinos que acompañen sin opacar. Blancos, rosados y fortificados se convierten en aliados perfectos para realzar los sabores de una de las mesas más emblemáticas del calendario.

Más allá de su importancia religiosa, la Semana Santa es una de las celebraciones familiares más importantes del calendario. Definitivamente, las Pascuas no fueron hechas para comer solo, los platos en estos festejos son abundantes, rescatan antiguas tradiciones y recuperan los secretos culinarios de las abuelas que se transmiten de generación en generación. 

Como todos sabemos, no se come carne roja. Por lo tanto, a la hora de pensar en los vinos que formarán parte del menú de la Semana Santa quedan descartados todos los tintos de gran estructura y cuerpo.

Las protagonistas de la mesa en esta fecha tan especial son las recetas con frutos de mar o con pescado, por lo que hay que poner el foco en los vinos blancos en general y de aquellos con paso por madera en particular.

Con pescado el foco es con los vinos blancos.
Con pescado el foco es con los vinos blancos.

El maridaje con pescados y mariscos ha sido uno de los tópicos más comunes en el mundo del vino: “pescados y mariscos se acompañan con vino blanco, carnes con tinto”. Sin embargo, aunque esta norma ya hace tiempo se ha desmentido, en la elección del vino para el pescado y marisco pocos parecen querer arriesgarse.

En realidad la clave siempre está en elegir un vino que no reste protagonismo al plato y aquí entran en juego aspectos como el tipo de pescado o marisco, así como su preparación.

Está claro que, con la comida de mar, hay que evitar tintos con mucho cuerpo, ya que anularían el sabor del plato, pero probar algunos pescados y mariscos con un tinto joven o un refrescante rosado puede producir gratas sorpresas.

CHOCOLATES

El vino y el chocolate son grandes compañeros, especialmente durante la sobremesa de Pascuas. Por la versatilidad de ambos alimentos, lo más importante para alcanzar el maridaje perfecto es tener en cuenta ciertas características de cada uno de ellos. Para lograrlo, hay dos reglas fundamentales: 

  • Por un lado, que la dulzura del vino sea igual o mayor que la del chocolate con lo cual se debe tratar de un vino dulce o fortificado.
  • Por el otro, que cuanto más cuerpo tenga el vino más intenso sea el chocolate en cuestión. 

Así, maridar un tinto dulce con un chocolate amargo de sabor intenso va a resultar en la combinación perfecta, mientras que armonizar ese mismo chocolate con un blanco seco, ácido y de cuerpo suave sin dudas sería un grave error.

Para los numerosos huevos de Pascua que se regalan y se reciben, no hay mejor combinación que el chocolate y el vino fortificado.

Si tienes un vino fortificado de primera calidad guardado en tu bodega, no dudes en descorcharlo al morder el chocolate negro durante la celebración de Pascua

Y para aquellos que son grandes aficionados al chocolate blanco, busquen los rieslings: la dulzura del primero combina bien con la del segundo.

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