El 27 de Septiembre es el Día Internacional del Turismo y te animamos a que conozcas un tipo de turismo de calidad que una naturaleza, cultura, tradición y gastronomía: el enoturismo.
El turismo es una pieza clave en la economía de un país y cada vez hay mejores propuestas empresariales y un avance hacia un turismo de calidad que se basa en el equilibrio entre el entorno natural, económico, humano y el social, con sus respectivas posibilidades de desarrollo, cuyas interacciones generan un contexto igualitario y un bienestar compartido entre los turistas y los ciudadanos anfitriones.
Por ello, en los últimos años, el enoturismo ha ganado más peso y no sólo consiste en visitar una bodega y beber una copa de vino en una sala. Es mucho más… El enoturismo ofrece una experiencia turística en la que se prioriza el trato personal y la interacción con la comunidad de la zona vitivinícola y en la que el visitante se enriquece de manera cultural, aprendiendo a apreciar tradiciones, patrimonio y paisaje.
Así también resulta un buen dinamizador de la economía. Desde la opinión de los habitantes, el enoturismo es positivo ya que mejora el entorno y las infraestructuras. Es un hecho notorio que la llegada de turistas a la zona incrementa los ingresos de la zona y por tanto desde los municipios se genera una mayor inversión de revitalización de la zona.
Respecto a comprobar el valor del enoturismo desde el interés de los comerciantes y hoteleros de la zona, señalar que estos actores económicos que prestan servicios en la zona territorial de la bodega son conscientes de que el turismo del vino es capaz de integrar los recursos y servicios turísticos de interés de la zona. Y por supuesto las bodegas, claves en este tipo de turismo, se están esforzando en atraer al público consumidor con diversas acciones innovadoras, originales y de gran calidad.
Por poner algunos ejemplos, puedes descubrir como enoturista las rutas del vino de los valles de Bolivia, que recorren los más importantes sitios vitivinícolas. Adentrarse en las bodegas más grandes, en bodegas artesanales, recorrer viñas cuyo límite se pierde en el horizonte, asistir a catas, disfrutar de la rica gastronomía de la región. A los enoturistas les gusta participar en las actividades de la bodega, ver como se poda, como se vendimia, pasear por los viñedos, tomar un aperitivo entre las viñas saboreando los vinos, explorar el entorno.
