Bolivia celebró el Día Nacional del Vino y del Singani, una fecha que honra no solo a una industria en crecimiento, sino a una identidad forjada entre montañas, historia y altura extrema.
Cada año, el país celebra el último viernes de febrero el Día Nacional del Vino y el Singani, una festividad que rinde homenaje a una tradición de más de 400 años y a una viticultura que desafía las leyes de la lógica geográfica.

En un país pequeño en superficie vitivinícola, pero inmenso en carácter, la viticultura se desarrolla entre los 1.600 y los 3.000 metros sobre el nivel del mar. Estas condiciones, intensa radiación UV, amplitud térmica marcada, convierten a Bolivia en uno de los territorios vitícolas más altos del mundo y dotan a sus vinos de frescura, concentración aromática y personalidad inconfundible.
En el valle de Cinti, sobreviven algunas de las prácticas vitícolas más singulares de América del Sur. Allí, las vides históricas aún trepan sobre árboles de molle y chañar, un sistema tradicional que forma parte de un patrimonio cultural vivo, preservado con celo por generaciones de productores.

Más al sur, en Tarija, epicentro del movimiento moderno del vino boliviano, las bodegas han elevado estándares técnicos y cualitativos. El resultado es una nueva generación de etiquetas que expresan con precisión el potencial de variedades como Tannat, Cabernet Sauvignon, Syrah y, cada vez con mayor identidad, cepas blancas de gran definición aromática.
Tarija no solo concentra volumen, concentra tecnología, enólogos formados internacionalmente y una clara vocación exportadora posicionando al vino boliviano en circuitos especializados que buscan autenticidad antes que masividad.
Si el vino representa la evolución, el Singani encarna la tradición. Destilado exclusivamente de uva Moscatel de Alejandría cultivada en altura, este aguardiente es una categoría protegida y un emblema cultural del país.

Su perfil, intensamente floral, limpio y vibrante, lo distingue dentro del panorama de destilados sudamericanos. Más que un competidor directo de otros espirituosos regionales, el Singani se presenta como una categoría propia, ligada de manera inseparable a su territorio de origen.
Bolivia no es el mayor productor de vino del continente. Tampoco el más antiguo ni el más mediático. Pero su combinación de altitud extrema, identidad cultural y resiliencia productiva lo convierte en un actor imposible de ignorar.
El Día Nacional del Vino y del Singani es una reafirmación del orgullo por un modelo vitivinícola que apuesta por la calidad, la diferenciación y la autenticidad.
