Las mujeres y el mundo del vino se conectan. Consumen, producen, compran y conocen cada vez más esta bebida milenaria. Están presentes desde el inicio de la historia del vino. Las mujeres fueron figuras frecuentes en la mitología griega en Baco, el dios del vino, así como en las leyendas de la cultura persa.
En los últimos tiempos, la escena mundial del vino, que alguna vez fue predominantemente masculina, está cambiando para mejor. Al hablar de los beneficios del vino, existen numerosos estudios académicos que demuestran que el consumo de la bebida es bueno para la salud, especialmente para las mujeres. El vino actúa como agente protector contra varios tipos de cáncer. Los investigadores afirman que la bebida hace que las mujeres sean más activas sexualmente, especialmente el vino tinto, ya que dilata las arterias e irriga las áreas relacionadas con la actividad sexual.
LAS MUJERES DEL VINO
A partir de los años 70, cuando las mujeres empezaron a ocupar puestos destacados en Europa, se popularizó el consumo de vino por parte del sexo femenino. Sin embargo, incluso antes de este período, las mujeres ya estaban haciendo historia en el mundo del vino.
A su vez, a pesar de ser una categoría que tenía una fuerte impronta masculina, hoy las mujeres ya tienen un rol muy relevante, las mujeres son un segmento importante y con peso propio relevante dentro del universo de consumidores de vino.
Pero hay más, ya que más allá del género hay una conexión femenina con el mundo del vino que viene a romper paradigmas y a abrir nuevas oportunidades de consumo. Las mujeres llegan para romper con el tintocentrismo masculino, diversificando sus preferencias al sumar el blanco, los rosados, tardíos, e incorporan nuevas formas y ocasiones en las que disfrutan del vino, ya sea solas, en una cena romántica o en una reunión con amigas.
Las mujeres se conectan con el vino desde espacios propios, como un mimo o regalo para sí mismas o un premio a su esfuerzo; y presentan escenas de consumo fuertemente descontracturadas y nuevas. Entre las mujeres consumidoras habituales de vino, el vínculo es diferente, no pasa tanto por el saber sino por el sentir: “me doy un mimo cuando llego del trabajo, tomo una copa de vino para relajarme y conectarme conmigo misma o con mi pareja, me permito un premio después de un día agotador o cuando me fue bien con algo”, sostienen.
En este nuevo universo femenino que surge como una oportunidad para que la industria vitivinícola gane mercado, hay dos escenas: una más individual y hedonista, que se presenta como este “disfrute, mimo, desconexión”; y otra más gregaria, que tiene que ver con el cruce del vino, la seducción, la intimidad y con una escena más “romántica”.
Luego, lo novedoso son las otras dos escenas de consumo: una vinculada al “empoderamiento” que se da a partir del descubrimiento y de la fascinación por el vino y su mundo; y, por último, una escena que tiene que ver con la “hermandad femenina” que se da como un espacio propio, de encuentro con amigas. Esto indica que el vino como bebida está presenta en esta escena de disfrute personal de la mujer como consumidora.