Un grupo de aficionados se reunió en el histórico hotel Victoria, sobre la Plaza Luis de Fuentes y Vargas para enfrentarse copa en mano y sin etiquetas a vinos bolivianos.
Frente a una de las cuatro esquinas más antiguas de la ciudad, la que mira directamente a la plaza central, el hotel Victoria fue el escenario de una cata a ciegas de vinos bolivianos en la que un grupo de aficionados puso en práctica, copa tras copa, los pasos clásicos de la degustación profesional: examen visual, olfativo, gustativo y, al final, el ejercicio más arriesgado de todos: adivinar qué cepa, qué región y qué bodega había detrás de cada vino.

LA CAVA
El hotel Victoria no es un edificio cualquiera para catar vino en Tarija. Está ubicado en una de las cuatro esquinas privilegiadas de la Plaza Luis de Fuentes y Vargas. Es un hotel diseñado en la década de los 30 por un arquitecto italiano, José Strocco, y que con el tiempo se fue modernizando para brindar servicios de calidad.
Ahora, el hotel dio un paso más y abrió en un espacio subterráneo una cava de vinos y Singani para recibir a los winelovers de Bolivia y el mundo. El espacio mantiene la forma de antaño, solo que se revitalizó para despertar los aromas del vino y Singani de altura y de unas picadas con quesos y jamones del valle central.
La historia del hotel se remonta a la década de 1930. El terreno perteneció originalmente a Antonio Borda y en 1938 pasó a manos de Elías Dorakis, un inmigrante griego que bautizó el hotel con el nombre de Atenas, en referencia a sus raíces.

Tres décadas más tarde, los herederos de Dorakis vendieron la propiedad a Renato Virreira y Victoria Caso, y desde entonces el hotel lleva el nombre de Victoria. Con los años, el hotel pasó a la segunda generación, conformada por Mario, Hortensia y Juan José. Juan José, más conocido como Pepe, fue quien compró el hotel a sus hermanos. Hoy, la tercera generación de la familia, Patricia, Marcia y Lorena, están al frente de la empresa.
Con más de cinco décadas bajo el mismo apellido y ubicado en pleno centro comercial, financiero y turístico de la ciudad, el hotel se promociona como un punto de referencia para quienes visitan Tarija por negocios o turismo. Su antigüedad, arquitectura y posición en el corazón de la ciudad lo convierte en un marco que apela a la memoria.
LA CATA
En la nueva cava se organizó una cata a ciegas el pasado sábado por la noche. Mauricio López de la bodega Mala Cabeza apuntaló la sesión con 5 vinos. El conductor de la actividad fue guiando al grupo por las cuatro etapas clásicas del análisis sensorial: visual, olfativo, gustativo y la síntesis final, en la que se arriesgan hipótesis sobre cepa, región y bodega.

Más allá del resultado, la sesión funcionó como una clase práctica de los fundamentos de la cata: la limpidez y el color como primeras pistas sobre la edad y la elaboración del vino; la consistencia como anticipo del contenido alcohólico; la nariz como mapa de familias aromáticas —frutas, flores, notas oxidativas—; y la boca como el lugar donde se cruzan dulzor, acidez, alcohol, cuerpo, equilibrio y persistencia para armar, recién al final, una hipótesis sobre el origen del vino.
