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MW Cees van Casteren: “Bolivia es un productor de vinos de clase mundial”

El Master of Wine Cees van Casteren regresó al país para consolidar el trabajo que empezó hace más de una década
El Master of Wine Cees van Casteren regresó al país para consolidar el trabajo que empezó hace más de una década

El Master of Wine Cees van Casteren regresó al país para consolidar el trabajo que empezó hace más de una década

Después de casi años sin pisar suelo boliviano, el Master of Wine (MW) Cees van Casteren volvió al país. Su misión: recorrer bodegas, catar las últimas cosechas y confirmar algo que él mismo empezó a sospechar hace más de una década: que Bolivia produce vinos de clase mundial.

Van Casteren es uno de apenas 400 Masters of Wine que existen en el planeta, el título más exigente y respetado de la industria vitivinícola internacional. Consultor de grandes viñas. Autor de libros y de artículos especializados, hoy dedica parte de su tiempo a un proyecto que empezó casi por accidente: ayudar a que el mundo descubra el vino boliviano.

Revista Moscatel conversó con Cees Van Casteren durante su gira por bodegas del país:

La relación de Van Casteren con Bolivia comenzó el 2010, cuando el gobierno alemán lo convocó para diseñar e implementar un programa de entrenamiento en exportación de vinos, el mismo modelo que antes había desarrollado en Georgia, Moldovia y Sudáfrica. En Bolivia trabajó cerca de cinco años junto a organizaciones como Fautapo y Aniv, tratando de articular a un sector disperso.

«En ese momento, cuando primero vine para hacer una presentación, Chile y Argentina básicamente pusieron los vinos de Bolivia fuera del mercado», recuerda. Los productores locales competían entonces por precio, no por calidad, frente a vecinos con escalas de producción imposibles de igualar.

Bolivia ya está en la liga de los mejores vinos del mundo
Bolivia ya está en la liga de los mejores vinos del mundo

Su diagnóstico fue directo: Bolivia no podía ganar esa batalla. «Tu tierra es fantástica. Tienes un clima hermoso, pero no es lo más barato. No puedes competir por el precio, no con Chile y Argentina. Es mejor enfocarte en la calidad», les dije a los productores, que al principio no le creyeron.

Van Casteren se fue del país, cuando sintió que algunos mercados de exportación todavía no estaban preparados para lo que Bolivia podía ofrecer. Pero algo cambió en la última década.

EL APORTE

El cambio de enfoque, tardó en asentarse, pero terminó dando resultados. «Una vez que lo hicimos, las medallas vinieron. Primero con Juan Cruz, pero después con muchos vinos, y al final ganamos medallas. Terminamos en la cima», relata. Fue recién entonces que se instaló una convicción nueva entre los propios bolivianos: «Bolivia es un productor de clase mundial. Pequeño, pero un productor de clase mundial».

Para Van Casteren, ese fue el verdadero aporte de su trabajo: no enseñar a hacer vino, sino dar el respaldo técnico y la credibilidad externa que el sector necesitaba para creer en su propio potencial. «Necesitaban un experto que les enseñara la creencia en lo que estaban haciendo, y en Bolivia y en la calidad», explica.

BOLIVIA II

Años después, el productor boliviano es otro. «Ha evolucionado completamente. Hay más vinos icónicos ahora que nunca antes. Aranjuez, Kohlberg y Campos de Solana«, enumera.

La visita de referentes como Tim Atkin y Patricio Tapia no es un detalle protocolar, subraya: es la pieza que falta para que el mundo se entere. «En el resto del mundo la gente piensa: ¿hacen vinos en Bolivia? No tienen ni idea. Saben de coca, pero ¿vinos en Bolivia? Entonces necesitas gente creíble, necesitas Masters of Wine y buenos periodistas, para ampliarlo al mundo. Solo ellos pueden persuadir a la gente de esos mercados a probar estos vinos», afirma.

Como referencia de esa credibilidad, menciona el caso de Don Milton, con 97 puntos de calificación de Tim Atkin: «Eso significa que está en la misma liga que los mejores vinos del mundo. No es menos que en Chile o Catena Zapata en Argentina. Está en la misma liga que el top de Bordeaux». La diferencia, señala con ironía, es el precio: mientras esos referentes internacionales cuestan 350 euros la botella, un vino boliviano de ese nivel cuesta mucho menos. «Todavía es una aventura, porque la gente no conoce los vinos de Bolivia. Pero ahora es más fácil venderlos«.

Durante este viaje, el equipo recorrió bodegas en Cinti y Samaipata, catando y puntuando cada etiqueta como parte de un proyecto sobre los «vinos de gran altura» que arrancó en Perú y atravesó distintas regiones vitivinícolas de altura del continente.

¿Vinos en Bolivia?, entonces necesitas gente creíble, Masters of Wine y buenos periodistas, para ampliarlo al mundo.
¿Vinos en Bolivia?, entonces necesitas gente creíble, Masters of Wine y buenos periodistas, para ampliarlo al mundo.

TANNAT

Consultado sobre el rol del Tannat, la variedad insignia del país, Van Casteren fue categórico: «Tannat no es una variedad fácil, tiene una piel gruesa que le da mucho color, pero también muchos taninos. ¿Por qué está haciendo tan bien en Bolivia? Porque su clima es ideal para esta uva«.

La altura y la intensa exposición solar, explica, logran que los taninos maduren de forma distinta a como lo hacen en Madiran, Francia, cuna histórica de la variedad: «Aquí tienes muchos taninos, pero son frescos, suaves. No los sientes como en Madiran, donde es más astringente. Aquí es más profundo. Por eso creo que el Tannat boliviano es el mejor, o está entre los mejores del mundo».

Sobre la instauración de un Día Nacional del Tannat, se mostró entusiasta: lo compara con el rol que cumplen el Carmenère en Chile o el Malbec en Argentina como variedades bandera.

FUTURO

Sobre el porvenir del sector, Van Casteren fue claro respecto al camino que debe seguir Bolivia: «La dirección que tomaron es la correcta, la dirección de la calidad. Es importante tener vinos para cada presupuesto, pero donde Bolivia puede distinguirse es con los mejores vinos».

Insiste en que la combinación de altitud extrema y un régimen de lluvias de tipo subtropical le da al país «un estilo absolutamente único» que todavía el mundo no conoce, aunque tarde o temprano lo hará.

Para acelerar ese proceso, anunció que junto a Tim Atkin organizará catas dirigidas a periodistas y sommeliers en Londres y Ámsterdam durante noviembre, pensadas específicamente para instalar los vinos bolivianos en el radar de la crítica internacional.

¿QUIÉN ES CEES VAN CASTEREN?

Cees van Casteren llegó al vino por un giro casi casual del destino. Tras la universidad se dedicó una década al negocio de los perfumes, trabajando con materias primas aromáticas en distintas partes del mundo. Todo cambió en Nueva York, en una conversación de bar con un desconocido que resultó ser Michael Aaron, entonces director ejecutivo de Sherry-Lehmann, en esa época el proveedor de vino fino más importante de la ciudad. Aquel almuerzo improvisado lo convenció de dos cosas: que el vino no podía seguir siendo un hobby, y que si quería reconvertir su carrera necesitaba la formación más exigente que existía, la del Institute of Masters of Wine.

En el año 2000 completó ese cambio de carrera. Hoy es uno de los 400 Masters of Wine que existen en el mundo —frente al 1,5 millones de profesionales con formación enológica—, un título que le ha abierto las puertas de bodegas como Château Margaux o Sassicaia. Su trabajo actual se reparte en tres frentes: consultoría para grandes viñas, formación a través de programas globales como el WSET, y escritura

Desde 2008, además, ha diseñado y ejecutado programas de entrenamiento en exportación de vino por encargo del gobierno alemán en países como Georgia, Moldovia, Sudáfrica y, desde 2010, Bolivia, país al que ahora regresa convencido de que el mundo está, por fin, a punto de descubrirlo.

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