El vino boliviano acaba de recibir uno de los respaldos internacionales más importantes de los últimos años.
El reconocido crítico británico Tim Atkin publicó en mayo su informe Peru & Bolivia 2026 Special Report, donde sitúa a Bolivia como una de las regiones emergentes más prometedoras de América Latina y coloca a bodegas de Tarija y Cinti entre las mejores evaluadas del continente.
El dato más relevante no es únicamente la calificación, sino la lectura global sobre el momento que vive la vitivinicultura boliviana: un país pequeño en volumen, pero con identidad propia, altura extrema y variedades que empiezan a despertar interés internacional.
“Después de pasar una semana allí, estoy convencido de que el vino boliviano tiene un potencial considerable”, escribe el especialista desde Londres en mayo de 2026.

TARIJA
El informe sostiene que Tarija concentra el 80% de las 4.600 hectáreas cultivadas con vid en Bolivia y destaca especialmente el desarrollo del Tannat, cepa que Atkin considera la variedad internacional insignia del país.
La etiqueta mejor puntuada de todo el reporte fue Aranjuez Don Milton Legado Gran Corte 2022, con 97 puntos, definido por el crítico como un vino “refinado, estructurado y capaz de expresar la frescura de Tarija”.
Además, otros vinos bolivianos alcanzaron 96 puntos, entre ellos:
- Aranjuez Tannat Origen 2023
- Campos de Solana Principia Granier Ortiz Tannat 2023
- DGR Wines Colección de Autor Vischoqueña 2024
- Jardín Oculto Negra Criolla Finca Molle Pampa Viñas Viejas 2023
La presencia dominante de bodegas tarijeñas no pasó desapercibida. Atkin menciona particularmente a Aranjuez, Campos de Solana, Kohlberg y Arpay como referentes del crecimiento cualitativo del país.
ALTURA + CEPAS
Uno de los elementos más llamativos del informe es el énfasis en los viñedos de altura. Atkin subraya que algunas zonas de Tarija superan los 2.100 metros sobre el nivel del mar, mientras que el Valle de Cinti llega hasta los 2.200 metros.
Para el crítico, esa combinación entre altitud, amplitud térmica y patrimonio vitícola está permitiendo que Bolivia produzca vinos con frescura natural y personalidad diferenciada frente a gigantes regionales como Argentina y Chile.
El reporte también rescata variedades históricas cultivadas en Cinti, como la Vischoqueña y la Negra Criolla, muchas provenientes de viñedos centenarios conducidos todavía en árboles nativos, una práctica ancestral que Atkin describe como “viticultura arbórea”.
En ese contexto, el proyecto Jardín Oculto fue elegido “Bodega del Año”, mientras que la joven tarijeña María Isabel Pinedo, de Tellus Wines, recibió el reconocimiento “Rising Star of the Year”.

VISIBILIDAD
Aunque el informe evita triunfalismos, sí deja una conclusión clara: Bolivia ya no es vista como una curiosidad enológica.
“At its best, it’s almost as good as anything made in Argentina and Chile”, afirma Atkin al comparar los mejores vinos bolivianos con los producidos por las dos grandes potencias vitivinícolas sudamericanas.
El documento también reconoce limitaciones estructurales: el reducido tamaño de la industria, las dificultades logísticas, la fragilidad económica y el riesgo de desaparición del conocimiento tradicional en zonas como Cinti. Sin embargo, el tono general es optimista y proyecta a Bolivia como un origen emergente capaz de competir desde la autenticidad y no desde el volumen.
En tiempos donde el mercado internacional busca historias, identidad territorial y vinos menos estandarizados, Bolivia parece haber encontrado finalmente un espacio propio en la conversación global del vino.