Se priorizó el intercambio de saberes por encima de la competencia, fortaleciendo la identidad, la innovación y la calidad del vino tarijeño. Evento organizado por Esperanza Bolivia.
Catar vinos para aprender y compartir, no sólo para disfrutar. Con ese sentido se reunieron bodegueros, enólogos y estudiantes con el fin de fomentar el intercambio directo de conocimientos, integrando a todos los participantes en un espacio colaborativo que impulse la calidad e innovación del vino en nuestra región.
El lugar: El Valle de La Concepción. El espacio: La Bodega del Abuelo. Iniciativa Esperanza Bolivia con el financiamiento de la Unión Europea y el cofinanciamiento de Louvain Cooperation. Fue un 8 de abril por la tarde.

La presentación protocolar nos introdujo en el propósito. Útil para tener información sobre el evento y la misión de la organización con este tipo de acontecimientos: seguir impulsando los espacios que fortalezcan el ecosistema productivo del Valle central de Tarija. Ahí el maestro sommelier Mauricio López aportó con su impronta para que el proceso se lleve adelante como lo previsto.
Luego las cuatro mesas listas. Cada una con su enólogo junto a estudiantes y docentes del Instituto Tecnológico de Uriondo dispuestos a catar las 10 marcas de vino.
No se trató de competir, más bien la práctica consistió en generar un verdadero puente de diálogo entre enólogos, bodegas y futuros profesionales, fortaleciendo así un ecosistema más colaborativo, sostenible y con identidad. Más aún con la participación desinteresada y generosa de los enólogos Franz Kohlberg, Mercedes Granier, Freddy Peralta y el francés Corentin Toullec.
Las catas compartidas son distendidas y dialogadas. A través de la vista, el olfato y el gusto se analizan aspectos como el color, aroma, textura y sabor, con el fin de comprender su calidad, conservación y posibles maridajes. Aunque puede parecer un acto sencillo, la cata requiere entrenamiento y atención a los detalles, ya que cada fase aporta información relevante sobre el origen, la elaboración y la evolución del vino. Cada tanto, los enólogos rotaban de mesa para compartir con otros asistentes.
De aquí en adelante el arte de los sentidos se puso en juego para comprender lo que quiso comunicar la bodega con su vino. De eso se tratan las catas: son un ejercicio sensorial e intelectual donde nos esforzamos por descifrar eso que tenemos en la copa, por descubrir qué nos seduce de ese líquido y qué no tanto.
En esta caso funcionó la cata comentada grupal rotativa en un entorno participativo y práctico de intercambio de conocimientos, integrándolos en un espacio colaborativo.
“Excelente evento, gracias a todos los participantes: enólogos nacionales y francés, somelier y divulgadores. Logramos una conexión entre estudiantes, enólogos y productores de vinos, buscando conectar a la academia con la empresa privada. Varios pasantes del instituto lograron conectarse con las bodegas boutique”, concluyó Sergio Martinez, ejecutivo del programa Desarrollo Económico Local Sostenible ejecutado por la organización Esperanza Bolivia.
