El clima es un factor decisivo en la elaboración del vino, pero, ¿sabes cómo influye sobre su sabor y sus propiedades? Cuando se trata de disfrutarlo, ¿cuál es la temperatura óptima del vino tinto y a qué temperatura debemos servir el vino blanco? ¿Cuáles son los mejores vinos para cada estación?
El clima, determinante en la calidad de la añada
Cada gota contenida en una botella de vino es un reflejo de la tierra. La variedad de uva, las características del “terroir” o los métodos de viticultura utilizados influyen sobre sus propiedades organolépticas, así como el clima. Las temperaturas, la cantidad de luz solar y las precipitaciones son algunas de las variantes principales que determinan la calidad de cada añada.
¿Cuál es la relación entre el calor, la lluvia y el vino? En las regiones con climas fríos, el ciclo de maduración de la uva es más corto. Como consecuencia, el vino tendrá una mayor acidez y menor graduación alcohólica. Por su parte, en las regiones con climas cálidos, con un ciclo de maduración más largo, se producen vinos con más cuerpo y menor acidez, intensos en color y aroma, con mayor graduación alcohólica y carga tánica.
La temperatura del vino para una copa perfecta
Una vez en la copa, la temperatura también es fundamental para disfrutar del vino como se merece. En lo relativo a su servicio, la temperatura del vino tinto es diferente a la temperatura del vino blanco o los espumosos.
Vinos de invierno
Con la llegada del invierno, apetecen vinos con más cuerpo y mayor carga tánica. Los vinos tintos son los reyes indiscutibles de los vinos de invierno. En esta época podemos disfrutar en toda su plenitud los vinos tintos con crianza, intensos y complejos, pero también es un momento fantástico para los blancos con crianza.
En cuanto a la temperatura del vino tinto a la hora del servicio, depende de su tiempo de guarda: entre 15 y 16ºC para los tintos jóvenes, entre 12 y 15ºC para los crianza y reserva y entre 17 y 18ºC si se trata de un tinto gran reserva.
